Jesús sana a un ciego de nacimiento

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé.

Reflexión: “Luz soy del mundo” (Juan 9:1-12)

Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento y, en lugar de enfocarse en la causa del problema, revela el propósito de Dios. Mientras otros buscaban culpas, Jesús muestra que esa situación sería una oportunidad para que las obras de Dios se manifestaran.

Cristo declara: “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo”. Luego realiza un milagro que transforma completamente la vida de ese hombre. A través de un acto sencillo pero lleno de poder, el ciego recupera la vista y comienza a experimentar una nueva realidad.

Este pasaje nos enseña que Dios puede obrar incluso en las situaciones más difíciles. Lo que parece limitación o dolor puede convertirse en el escenario donde su poder y su gracia se hacen visibles.

También nos recuerda que Jesús no solo abre los ojos físicos, sino también los del corazón. Cuando Él entra en nuestra vida, trae luz, claridad y una nueva manera de ver todo.

¡Dios te bendiga!

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