He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Reflexión: “Guardados en la verdad” (Juan 17:6-19)

Jesús ora por sus discípulos con un amor profundo. No pide que sean quitados del mundo, sino que sean guardados en medio de él. Sabe que enfrentarán dificultades, rechazo y desafíos… pero también sabe que no estarán solos.

Él declara que pertenecen a Dios, que han recibido su palabra y que han creído. Y en medio de todo, hace una petición clave: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.

Esto nos muestra que la protección no es solo externa, sino interna. Es vivir afirmados en la verdad de Dios, con un corazón transformado y guiado por su palabra.

También revela algo importante: estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Tenemos un propósito, una misión, un llamado a vivir diferente.

Este pasaje nos recuerda que Dios nos guarda, nos guía y nos envía. No para escondernos… sino para vivir con propósito en medio de todo.

¡Dios te bendiga!

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