¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.

Si no pusiéramos la cita a estas palabras, seguramente pensaríamos que se trata de un Salmo de David, pero son palabras del apóstol Pablo. A través de ellas el apóstol alaba a Dios por la perfección de sus planes eternos.

Los juicios de Dios son “insondables”, significa que no se puede “sondear”, no se puede saber sus medidas. Cuando un barco estaba cerca de la playa tiraban la “sonda” para saber cuánta profundidad tenía el mar en ese lugar y poder echar las anclas (Hch. 27:28). Pero todos los marineros saben que la mayor profundidad del mar no se puede medir con simples artilugios marítimos. Hay fosas oceánicas, como la Fosa de las Marianas, el punto oceánico más profundo del planeta cuya medida estimada oscila entre los 11 kilómetros, que no se puede llegar buceando… ¡Imagínese los eternos y justos juicios de Dios!

Los caminos de Dios son “inescrutables”, significa que no pueden ser comprendidos plenamente por el ser humano. Aun así, cuando pasamos por experiencias difíciles de explicar y no llegamos a entenderlas plenamente, nuestra fe nos dice que Dios sabe lo que está haciendo. Él no actúa de manera arbitraria, sino que gobierna nuestras vidas con perfecta sabiduría, justicia y amor.

Cuando leemos las historias de hombres y mujeres como Abraham, Moisés, José, Ester, Rut, Elías, Daniel, Pablo y tantos otros que aceptaron ser guiados por Dios, aun cuando atravesaron circunstancias que en principio fueron difíciles de entender, se rindieron al Señor y siguieron confiando y alabándole.

Ahora nosotros leemos sus historias y no tenemos ninguna duda acerca de lo perfecto que fueron los planes y propósitos de Dios. No hubo ningún error. Como tampoco hay equivocación en lo que Dios está haciendo con tu vida y con la mía aunque a veces no lo entendamos.

En Isaías 55:8-11 Dios mismo nos dice: «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir…así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié”.

Teniendo en cuenta que Dios quiere lo mejor para sus hijos, descansemos en su sabiduría, misericordia y amor infinitos. Que podamos decir como el apóstol Pablo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA