“Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.” Marcos 8:23-25.

Vivimos en el tiempo de lo instantáneo, todo lo queremos ahora; a nadie le gusta esperar. Esta “pauta”, incluso, intentamos aplicarla en nuestra relación con el Señor, pero es necesario recordar que Dios es el dueño del tiempo y nada ni nadie puede atrasar o adelantar su “reloj”.

En cierta ocasión le trajeron a Jesús un ciego y le rogaron que le pusiera las manos y lo sanara. Pero había un problema en ese lugar: No había fe. Jesús ya había expresado su dolor por la incredulidad de las personas de Betsaida. (Lucas 10:13).

La gente quería que el Señor pusiera las manos sobre el ciego y resolviera el caso rápidamente, pero Él hizo algo que dejó perplejo a todos, incluso a nosotros al leer la historia casi dos mil años después: ¡Escupió en sus ojos! No parecía ser el método más higiénico y adecuado.

Jesús no sanó instantáneamente a este hombre. ¡Qué frustración para muchos! Quizás algunos se habrán preguntado: ¿Estará perdiendo su poder Jesús? No, de ninguna manera, Él actúa como quiere y en su tiempo.

El Señor comenzó dándole una visión parcial al ciego, pero él no se conformó con esto, permaneció al lado de Jesús hasta que completó el milagro.  Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos y ¡vio claramente!

Qué duda cabe que todos queremos una respuesta de Dios ya y ahora, pero a veces el Señor tiene otros planes. Él puede responder oraciones de una vez, pero en otras ocasiones lo hace poco a poco. Siempre actúa de acuerdo con los propósitos que espera cumplir en nuestra vida.

Por eso hoy quiero animarte a que no desmayes ni te des por vencido, espera en Él. El Señor está trabajando en ti. A veces lo hace silenciosamente y otras veces irrumpe con todo su poder, pero nunca faltará a sus promesas. “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.” (Salmo 37:5).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA