“La palabra del Señor vino a Jonás por segunda vez, y le dijo: Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive, y proclama allí el mensaje que yo te daré. Jonás se levantó y, conforme a la palabra del Señor, fue a Nínive…” Jonás 3:1-3ª.

El profeta Jonás estaba disgustado con Dios. Su sentimiento nacionalista no le permitía aceptar que Él amara también a sus enemigos y estuviera dispuesto a perdonarlos y darles otra oportunidad; por eso huyó en la dirección opuesta a Nínive. Conocemos la historia. Los marineros arrojaron al profeta del barco, la tempestad se calmó y Jonás tomó el “bus subacuático” hacia donde le había indicado Dios.

Jonás prefería morir antes que hacer lo que Dios le había pedido. ¡Vaya profeta! Sin embargo, después de tres días en el vientre del pez, dijo: “Me acordé de Jehová”. Menos mal. Y allí, entre algas y vaya uno a saber qué otras cosas, el profeta hizo una oración sincera y decidió obedecer a Dios y el pez lo vomitó en tierra. Entonces “vino palabra del Señor a Jonás por segunda vez”.

¡Qué grande es la misericordia del Señor! No tendría por qué haber dado una nueva oportunidad a Jonás, pero lo hizo.

¡Qué lección para el profeta y también para nosotros! No podemos huir de Dios y tampoco negarnos a obedecerle. Aunque los planes del Señor no se ajusten a “nuestros deseos”, o no entendamos las circunstancias por las que debemos atravesar, debemos recordar que Dios es soberano y siempre sabe lo que hace.

Si has estado eludiendo una palabra que Dios te habló, vuélvete a Él y acepta su segunda oportunidad. Los planes que Dios trazó para tu vida son perfectos. Ríndete al Señor sin reservas. No escapes o eludas lo que Él te habló y obedece. En la obediencia siempre hay bendición.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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