De tanto en tanto necesitamos que nos recuerden que hay un tentador invisible observando nuestros pasos para ponernos algún tropiezo en el camino. “Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. (1 Pedro 5:8).

Eva caminaba fascinada por el huerto del Edén contemplando las obras perfectas y majestuosas de Dios. Sabía que todo le era permitido excepto comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Había millones de beneficios en ese nuevo mundo a disposición del ser humano, pero de manera imprevista llegó una tentación a través de la serpiente. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. (Génesis 3:4-5).

A partir de ese momento, Eva comenzó a observar el árbol de manera distinta. Su mirada inocente ahora se volvió inquietante, curiosa. “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría…” (Génesis 3:6ª).

Me parece escuchar a uno de los ángeles diciéndole a Dios: “Uy… esto no parece terminar bien… Señor, ¿intervenimos? ¿Quitamos el árbol o matamos a la serpiente?” Silencio celestial. No hay órdenes divinas nuevas. El árbol se queda y la serpiente también. Ay… “y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” (Génesis 3:6b). Adiós a la inocencia.

Somos más parecidos a Eva de lo que estamos dispuestos a aceptar. El apóstol Pablo se lo hizo saber a los corintios con estas palabras: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. 2 Corintios 11:3.

De maneras inesperadas, sin aviso, aparecen situaciones que tratan de menoscabar nuestra fe, fidelidad y amor al Señor. Las oportunidades de pecar golpean diariamente a nuestra puerta y debemos saber que Dios no quitará la tentación ni al tentador. Sin embargo, ha trazado un nuevo camino para que seamos victoriosos sobre las tentaciones. ¡La obra redentora de Jesucristo! Él ha vencido al diablo en la cruz, está sentado en su trono y ha enviado al Espíritu Santo para darnos poder contra el enemigo. No vencemos con nuestro “poder”, sino con el poder de Aquel que vive en nosotros.

Cuando seas acosado por el enemigo, recuerda: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13). ¡Hay victoria en Cristo!

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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