Mi Dios y salvador, quien me ha amado al punto de dar su vida por mí, sé que no tengo como pagarte por tan grande amor, pero hoy, solo permíteme rendirme ante ti como sacrificio vivo.  Déjame postrarme ante ti y adorarte con todo lo que soy y todo lo que tengo. Rindo a tus pies mi voluntad, pidiéndote que hagas conmigo conforme sea tu voluntad. Guíame con tu Espíritu Santo, cuidando de cumplir cada día el propósito que tienes para con mi vida mi precioso Rey. En tus manos estoy mi Dios, pues reconozco que a ti me debo, Amén.