Santo Dios poderoso, Rey bueno y misericordioso, en este momento me acerco a ti con un corazón rendido y humillado, reconociendo que he fallado ante tu presencia. Te he decepcionado y por eso me arrepiento mi Señor, por favor límpiame con tu sangre, borra mis pecados y mis rebeliones. Lanza mis pecados a lo profundo del mar y no te acuerdes más de ellos, pues no es mi intención seguirte fallando. Por favor mi Dios, mi anhelo es que mi vida sea agradable ante ti y por eso te pido que me limpies y saques de mi corazón todo lo que me incite a pecar. Amén.