Amado Padre celestial, te doy gracias porque sé que hasta ahora tú has sido fiel y te has mantenido apoyándome y sosteniéndome en todo momento. Gracias porque sé que tu amor se ha manifestado muchas veces en mi vida y nunca me has abandonado, ni siquiera en los momentos más difíciles. En este momento, quiero entregar en tus manos, declarando en el Nombre de Jesús que ninguna enfermedad tocará mi morada, por las llagas de Jesucristo he sido sanado. Muchas gracias mi Señor y mi Dios, por ser mi sanador, porque toda enfermedad tú la llevaste contigo en la cruz del calvario. Amén.