Amado Dios poderoso, Rey eterno y Príncipe de paz, en este momento me acerco a tu trono confiadamente, solo para postrarme a tus pies, adorarte y disfrutar de un momento de regocijo en tu presencia. Te pido que me perdones de todos mis pecados y limpies mis manos para presentarme en tu santo templo. Límpiame cada día más y ayúdame a mantener un corazón puro, contrito y humillado, y un carácter que demuestre el fruto de tu Espíritu. Te ruego, que mi vida sea ante tu presencia como un constante perfume de agradable olor, en el Nombre de Jesús. Amén.