«Amado señor mío, que bueno es adorarte en todo momento. Veo tu presencia y no hago más que deleitarme en tu amor, mi corazón te anhela todos los días de mi vida. Señor mi Dios, hoy puedo admirar tu rostro, tu bondad, tu poder, tu amor infinito. Hoy deseo estar todos los días apegado a ti, buscando tu dulce presencia. Te amo porque eres fiel, porque nunca me abandona, porque estas conmigo en cada momento. Pongo este día en tus manos, deseo de corazón que puedas guiarme, que no me abandones, que seas tu en medio de mi caminar. La sangre de Cristo me cubre y tu ejército de ángeles va delante de mí. En el nombre de Jesús, ¡Amén!»