“Esto sucedió el viernes por la tarde, el día de preparación, cuando el día de descanso estaba por comenzar. Mientras llevaban el cuerpo, las mujeres de Galilea iban detrás y vieron la tumba donde lo colocaron. Luego fueron a sus casas y prepararon especias y ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús; pero cuando terminaron ya había comenzado el día de descanso, así que descansaron como ordena la ley.” Lucas 23:54-56

¡Qué difícil habrá sido ese sábado para todos los seguidores del Señor! Sus corazones estaban destrozados, tenían muchas preguntas dando vueltas en sus cabezas y ninguna respuesta, solo silencio, un silencio que los llevó a cuestionarse muchas cosas…

No podemos condenar a los discípulos por lo que sentían, porque muchas veces nosotros llegamos a sentir lo mismo frente a los silencios de Dios. Pero es importante recordar, que cada vez que Dios guardó silencio, siempre fue con un propósito.

Dios irrumpió en la vida de Moisés con una zarza ardiendo después de 40 años de silencio. Un ángel le llevó a Daniel una revelación poderosa después de 21 días. Los ángeles vinieron a servir a Jesús después de 40 días de ayuno y tentación. Dios envió a Jesucristo al mundo después de 400 años de silencio. Y después del sábado silencioso vino la obra culmine de Dios: Jesús resucitó de los muertos, su obra salvadora entró en acción, comenzó la dispensación de la gracia, y ahora sabemos que a la final trompeta vamos a resucitar como Él.

Tal vez te encuentres en un “sábado silencioso”, sin respuestas, sin fe ni esperanza, pero eso no significa que Dios dejó de trabajar en el plan que trazó para ti.

Alguien dijo que en toda buena interpretación musical el silencio debe tener tanto peso como el sonido porque sirve para dar fuerza al mensaje que tiene la obra. Así que si prestas atención, podrás descubrir en este tiempo de silencio lo que Dios quiere decirte y probarás una vez más, que nunca se olvidó de ti.

Cortesí­a Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA