«Espíritu Santo, tú eres el aliento de Dios, el fuego de Dios, el don de Dios y te necesito más que nunca, para que seas mi guía y mi fuente de paz inagotable. Lléname de tu sabiduría y de tu entendimiento, hazme comprender tu voluntad y tu verdad. Que yo pueda dormir iluminado por tu luz divina y celestial, inspirado por tus consejos sabios y prudentes. También, concédeme soñar contigo, y con tu dirección y guía sobrenatural y que pueda despertar sintiendo tu presencia, y lleno de tus frutos santos y benditos. Amén.»