“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” Jeremías 15:19.

Al igual que nosotros, Jeremías necesitaba someterse a Dios para ser santificado diariamente. Debía permitir que el Señor examinara cada área de su vida y lo transformara. Sin embargo, había una parte del proceso que era responsabilidad de Jeremías: entresacar lo precioso de lo vil.

La palabra hebrea para entresacar es yatsá y significa “sacar afuera, arrojar, echar, quitar, quemar”. Era la palabra que se usaba para decir que debía sacarse la basura afuera y llevarla al lugar donde se quemaba. Si querías mantener tu casa en orden, limpia y sin malos olores había que sacar la basura diariamente.

Buena metáfora para nuestra vida espiritual. Cada día debemos identificar lo que es “vil” y sacarlo de nuestra vida. En el original, vil es lo inservible, lo indigno, lo que no pasa la prueba de la santidad, lo que es vanidad. En contraste, lo “precioso” es lo valioso, lo que es de alta estima, aquello que trae crecimiento.

En Isaías 5:20 leemos: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo, que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz, que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”. Esta es la realidad en la que vivimos hoy.  Cuando no se toma la Palabra de Dios como regla para definir lo que es bueno y lo que es malo, solo podemos esperar caos y sufrimiento. Por eso necesitamos que el Espíritu Santo nos enseñe diariamente a distinguir lo precioso de lo vil.

Cuando guardamos basura en nuestra mente y corazón pronto comenzará a dar “mal olor”. Nuestras actitudes, palabras e intenciones lo evidenciarán. Por otro lado, debemos analizar las fuentes desde donde procede todo lo que vemos y escuchamos. ¿Cuán “limpio” está nuestro celular y computadora de lo que es basura para nuestra alma? ¿En qué lugares y con quién compartimos nuestro tiempo?

Si encontramos algún vestigio de lo que es vil, debemos pedirle al Señor que nos purifique como lo hizo David: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” (Salmo 51:10). Sigue guardando en tu corazón lo que es precioso a los ojos de Dios, y no te olvides de sacar la basura diariamente.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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