«Bendito Dios, te doy gracias por tu infinito amor y misericordia, por tu fidelidad y porque hasta ahora nunca me has desamparado. En este momento, me rindo delante de tu presencia para agradecerte por todas tus bondades para conmigo y mi familia, por cuidarnos y protegernos de todo mal, por llevar tu provisión a nuestra mesa y por darnos salud. Pero, ahora que nos disponemos a dormir y descansar de este pesado día de trabajo, te pido que nos cubras con tu manto y nos protejas de toda asechanza maligna, y nos des un buen sueño para despertar el día de mañana con fuerzas nuevas.» Amén.