“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!« Filipenses 4:4.

La palabra “regocijarse” en griego es jaíro que significa “estar alegre, estar calmadamente feliz, gozarse, alegrarse”. Muchos la usaban como un saludo al despedirse y significaba “que estés bien”. ¡Qué buen saludo para animarnos mutuamente!

Quizás alguno de los que están leyendo este devocional piensen: “Si supieras por lo que estoy pasando…, no tengo motivos para regocijarme”. Es cierto, muchas veces enfrentamos situaciones que no ameritan una expresión ruidosa de alegría. Sin embargo, “estar alegre” es una disposición del corazón más que una alegría momentánea. Se refiere más bien a un estilo de vida. Por eso Pablo dice que nos regocijemos en el Señor… siempre.

Cuando se nos hace difícil encontrar algún motivo para regocijarnos, podemos ir a la Palabra de Dios y recordar que:

Podemos regocijarnos al recordar que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida (Lucas 10:20). ¡Aleluya! A pesar de las pruebas, hemos sido registrados en el cielo como hijos de Dios. Ningún susurro del diablo debe quitarnos este gozo.

Podemos regocijarnos al experimentar su presencia (Salmo 16:11). Jesús nos prometió estar con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”. ¡No estamos solos! Su presencia nos acompaña las 24 horas.

Podemos regocijarnos al confiar en la protección y cuidado de Dios (Salmo 5:11-12). Dios bendice al justo y lo rodea como un escudo.

Podemos regocijarnos esperando por fe en el tiempo en que Dios cumplirá sus promesas. Hoy tal vez estamos sembrando con lágrimas, pero vamos a cosechar con regocijo (Salmo 126:5).

Podemos regocijarnos al creer que este día ha sido planeado por Dios para que todas las cosas nos ayuden a bien (Romanos 8:28).

“Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él.” (Salmo 118:24). ¡Regocíjate!

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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