“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.” Romanos 8:5.

Si somos hijos de Dios, el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros. Él habla a nuestra mente, a nuestra conciencia, y nos ayuda a discernir entre lo que nos edifica y lo que no.

El Espíritu Santo no nos impone nada porque está sujeto a nuestro libre albedrío. En su amor, el Señor nos dio la libertad de escoger, pero también nos enseña cuáles serán las consecuencias de nuestras elecciones. Si queremos una vida espiritual victoriosa, debemos comenzar por nuestra mente. Como alguna vez dijo el pastor Charles Stanley: “La mente es nuestra torre de control”.

La verdad es que nuestros pensamientos nos afectan más de lo que podemos darnos cuenta. Nuestra manera de pensar determina nuestras actitudes, emociones, deseos y acciones. Por eso, cuanto más lugar le demos al Espíritu Santo, mayor será nuestra fortaleza para ganar las batallas que se libran en nuestra mente.

Debemos tener una mente pura. En Filipenses 4:8 leemos: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. ¿Tienes problemas con pensamientos impuros? Examina lo que estás dejando entrar a tu mente. El Espíritu Santo quiere ayudarnos a filtrar diariamente nuestros pensamientos porque sabe que del pensamiento a la decisión de pecar hay un paso.

Debemos tener una mente positiva. No es positivismo, no es confesión positiva, es pensar con fe, con actitud de vencedor, recordando las promesas de Dios. Dedica tiempo a la Palabra de Dios, llenando tu mente con verdades que te mantengan firme y creyendo.

Debemos tener una mente productiva. Escuché decir una vez que una “mente ociosa es el taller de Satanás”. ¿Recuerdas lo que le sucedió a David mientras estaba aburrido y ocioso en su terraza? Todo comenzó con una mirada y luego sus pensamientos lo condujeron a pecar. Usa bien tú tiempo. Pon atención a tu crecimiento. “Ustedes también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto…” 2 Pedro 1:5-8.

¿Quieres ser fuerte a la hora de enfrentar tentaciones? Pregúntate con qué has estado alimentado tu mente últimamente. “Poned la mirada en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2). Guiados por el Espíritu Santo podemos elegir qué pensar y cómo actuar.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Tiempos de Refrigerio»
Adquiera el libro en Amazon

compartir por messenger
compartir por Whatsapp