“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28

Dios no hace nada sin tener un propósito en mente. Si en su sabiduría permite aquello que podría evitar en su poder, entonces podemos estar seguros de que es con una finalidad.

Estamos viviendo tiempos difíciles, Sin embargo, la presión suele exponer cosas que en otras circunstancias pasaríamos por alto. Por eso el Señor muchas veces se vale de este recurso para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento y maduración.

En la Biblia encontramos muchas historias en las que podemos identificar fácilmente lo que perseguía Dios al permitir situaciones límites. Por ejemplo, Jonás fue tragado por un gran pez. Moisés se encontró frente a un mar imposible de cruzar. José fue a parar a una prisión. Gedeón debió ir a la guerra solo con trescientos hombres. Todas esas circunstancias tuvieron un propósito. En algunos era aprender obediencia, en otros fortalecer su fe y dependencia, en otros tratar con un aspecto de su carácter…

Y usted, ¿pudo descubrir con qué propósito el Señor ha permitido las presiones por las que está pasando?

A través de los distintos escenarios de nuestra vida: familia, trabajo, matrimonio, ministerio… Dios puede estar llamando nuestra atención sobre algunos aspectos que necesitan ser tratados. El problema es que muchas veces vemos las presiones solo como presiones, o las circunstancias adversas solo como eso, y no nos detenemos a pensar que pueden ser oportunidades de Dios para ayudarnos a crecer en algún área de nuestra vida.

Piense en los desafíos que ha tenido que enfrentar. Puede ver sólo los problemas o reconoce una oportunidad para hacer cambios que podrían resultar en relaciones más saludables, un trabajo mejor hecho, crecer espiritualmente o tener un carácter más parecido al de Cristo.

Tal vez usted siente que está siendo sacudido en las mismas áreas de siempre y no puede explicarse por qué… Quizás sea hora de admitir que hay cosas que el Señor cree que necesita cambiar o deben salir de su vida.

El Señor nos ama demasiado como para cruzarse de brazos y simplemente ver cómo perdemos bendiciones por no dar lugar a los cambios que quiere llevar a cabo en nosotros. Algo hará para despertarnos y ayudarnos a poner la atención en lo que quiere mostrarnos.

Quizás no le guste la forma en la que Dios está interviniendo en su vida. Recuerde que muchas veces nosotros somos los que hacemos más difícil el proceso porque nos cuesta rendirnos, escuchar su voz y aceptar seguir su dirección.

Si aún no puede entender qué propósitos tienen las presiones por las que está pasando, tome un tiempo a solas con Dios y pregúntele: “Señor, ¿estás tratando de decirme algo?” Cuando lo escuche, no ignore sus palabras o deje para “más adelante” lo que quiere hacer. Confíe y dé ese primer paso que comenzará a transformar su vida.

Cortesía Alexandra Giovanini
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