“Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.” Mateo 25:6-7.

En la iglesia donde nací, un domingo, mientras el pastor predicaba con mucho entusiasmo acerca de la venida de Cristo, dijo con toda su fuerza: “¡Cristo puede venir hoy!”. En ese momento se levantó una ancianita y le respondió: “¡Ay, no, justo esta semana que le dan un aumento a los jubilados…!”

¿Hay algo que a ti te impida gozarte con la exclamación: “¡Ahí viene el Esposo!”?

En esta parábola, el Esposo de la Iglesia, el Señor Jesús, nos advirtió que va a volver otra vez y que será en cualquier momento. Por lo que leemos en las Escrituras, es muy probable que la Iglesia esté medio dormida a su regreso. Uy… entonces sin duda puede venir hoy mismo.

Si prestamos atención a la condición de la Iglesia de Cristo en este tiempo, podemos afirmar que está cabeceando y dormida. Nos hemos detenido en muchas áreas. Estamos ocupados en millones de cosas, y en lo último que nos detenemos a pensar es que el Señor puede venir hoy. Eso significa que todo lo que estemos haciendo se va a terminar. Entonces, ¿qué es lo que realmente vale la pena a la luz del arrebatamiento de la Iglesia?

Debemos escuchar el clamor: “Ahí viene el esposo, salid a recibirle”. Se refiere a estar atentos a las señales.

“Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero… Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas”. (Lucas 21:9-11,25-26). Todo está cumplido.

Frente a esta realidad, te pregunto: ¿qué harías que no estás haciendo, y qué dejarías de hacer? ¿Cuáles serían tus prioridades y motivaciones si Cristo viniera esta semana?

¿Y qué pasa si el Señor se retrasa? ¿Perdemos tiempo? ¿Vivimos como si no fuera a regresar? La realidad de su venida debería ajustar varias cosas en nuestra vida: nuestra relación con Cristo, la dedicación a la misión que nos encomendó, corregir nuestra escala de valores, determinar lo que es prioritario. Estas son las cosas que realmente tienen valor eterno.

¿Estás listo si el Señor viniera hoy? ¿O has dejado que todo lo que te rodea te haya adormecido? Mira que somos muchos los que día a día estamos escuchando el clamor que dice “¡El Esposo viene!”

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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