Jesús, causa de división

34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

Recompensas

40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. 42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

Reflexión: Recompensas

Dios no pasa por alto nada. Cada gesto de amor y fe, por más pequeño que sea, tiene valor eterno. Jesús nos enseña que cuando recibimos a un discípulo, a un profeta, o simplemente damos un vaso de agua fría por amor a Él, estamos actuando directamente con Él mismo.

Esto nos recuerda que en el Reino de Dios, lo invisible cuenta, y lo pequeño tiene recompensa. Nada que hagas en obediencia y amor a Cristo es en vano. Cada acto de generosidad, cada ayuda silenciosa, cada servicio humilde… Él lo ve, y lo premiará.