“A Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno.” Marcos 3:16-17.

Jesús tenía métodos muy variados para que la gente entendiera sus mensajes, los recordara y los aplicara a sus vidas. Uno de ellos era cambiarles el nombre. A Simón le puso Pedro, para describir la firmeza de su carácter. A Jacobo y a Juan, “los hijos del trueno”, para recordarles que un carácter impulsivo puede jugarles una mala pasada.

También el Señor añadía apelativos como una manera de calificar o identificar virtudes especiales en sus seguidores. De Natanael dijo: “He aquí un verdadero israelita” (Juan 1:47). De Zaqueo dijo que él también era “Hijo de Abraham”, ya que muchos, por ser publicano, no lo consideraban parte de Israel (Lucas 19:9).

Sin embargo, también el Maestro señalaba los pecados, la vileza, la maldad a través de adjetivos y figuras literarias. Por ejemplo, al rey Herodes lo llamó “zorra” (Lucas 13:32), a los fariseos los llamó “sepulcros blanqueados” (Mateo 23:27), “guías ciegos” (Mateo 23:16), “serpientes, generación de víboras” (Mateo 23:33). Auch… Eso habrá dolido, pero lo tenían bien merecido.

¿Qué apelativo te pondría Jesús a ti? ¿Imaginas alguno? Hummm, creo que podría depender de cómo te sientas hoy. Quizás “la burra de Balaam” o “el gusano de Jacob”. Sin embargo, Jesús te ve desde su trono como una obra terminada, como un instrumento útil y efectivo, como su hijo que glorifica su nombre. Lo que el Señor diga de ti no depende de cómo te sientas hoy, lo que hayas hecho ayer, o lo que no sabes que harás mañana.

Una de las cosas que Jesús dijo de ti es que eres su “amigo”. ¿No me crees? Aquí está el versículo: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” (Juan 15:15).

Jesús te ve como su amigo, con tus fortalezas y debilidades, con tus virtudes y defectos. Sin embargo, tiene un plan para perfeccionarte desde tu espíritu. Estás siendo transformado por el Espíritu Santo, y eso es un proceso que durará toda la vida. Pero para el Señor, hoy eres su amigo. Él quiere compartir tiempo contigo, contarte algunos secretos, mostrarte lo que quiere hacer en ti y a través de ti. Es necesario que compartas tiempo en su presencia. Lo mejor que puedes hacer ahora, es terminar de leer este devocional y conectarte en oración con Él. Escucha lo que quiere decirte. Hay cosas buenas que desea hablar a tu corazón.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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