La transfiguración

17 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4 Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. 5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. 6 Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 7 Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. 8 Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

9 Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos. 10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.

✨ Reflexión: Solo Jesús (Mateo 17:1–13)

En el monte, Jesús mostró un destello de su gloria. Su rostro brilló como el sol y sus ropas resplandecieron como la luz. Moisés y Elías aparecieron junto a Él, representando la ley y los profetas. Pero fue la voz del Padre la que selló el momento: “Este es mi Hijo amado… a Él oíd.”

Pedro quería quedarse allí, hacer enramadas, quedarse en lo glorioso. Pero la visión no era para quedarse, sino para recordar quién es Jesús cuando llegaran los días difíciles.

Y al levantar la mirada, solo vieron a Jesús. No estaba Moisés, no estaba Elías, solo quedaba Aquel que realmente importa. Así debe ser también en nuestra vida: cuando se disipan los temores, cuando pasa la emoción, que solo quede Jesús.

La transfiguración fue un recordatorio del cielo en medio de la tierra. Una revelación que preparó a los discípulos para el sufrimiento que vendría. Ver su gloria fortalece nuestra fe.

¡Dios te bendiga!