Jesús anuncia otra vez su muerte

22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

Pago del impuesto del templo

24 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. 27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.

✨ Reflexión: Hijo libre, siervo humilde (Mateo 17:24–27)

Cuando preguntaron si Jesús pagaba el impuesto del templo, Pedro respondió que sí, pero Jesús aprovechó para enseñar algo profundo. Le explicó que los reyes no cobran impuestos a sus propios hijos, sino a los extraños. En otras palabras, como Hijo de Dios, Jesús no estaba obligado a pagar el tributo del templo que representaba a Dios mismo.

Sin embargo, lo hizo igualmente —no por obligación, sino para no ser tropiezo a otros. Y lo hizo con un milagro discreto: un pez con la moneda exacta para cubrir su impuesto y el de Pedro.

Esta escena nos habla de identidad y humildad. Jesús, siendo el Hijo, escoge servir y ceder por amor a los demás. Y además, nos recuerda que cuando caminamos en obediencia, Dios provee lo que necesitamos, incluso de formas sorprendentes.

Ser hijo no significa imponer derechos, sino vivir con sabiduría, humildad y confianza en el cuidado del Padre.

¡Dios te bendiga!