¿Quién es el mayor?

18 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Ocasiones de caer

Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.

¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

Reflexión: La grandeza escondida en la humildad (Mateo 18:1–9)

Los discípulos querían saber quién sería el más importante en el Reino de los cielos. Esperaban quizá una respuesta grandiosa, pero Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de todos. Con eso enseñó que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en la humildad, en el corazón limpio y confiado de quien sabe que depende del Padre.

Jesús fue claro: sin esa actitud de niño, nadie entra en el Reino. Y fue más allá: advirtió con firmeza sobre no hacer tropezar a los más pequeños en la fe. Para Él, cada alma vale tanto que mejor sería perder una parte del cuerpo antes que dejarse arrastrar al pecado.

Esta enseñanza nos invita a revisar el corazón. ¿Somos humildes? ¿Somos ejemplo o tropiezo para otros? ¿Hay algo que nos aleja de Dios y que deberíamos cortar de raíz?

La verdadera grandeza no se mide por logros, sino por amor, sencillez y compromiso con la santidad.

¡Dios te bendiga!