Parábola de la oveja perdida

10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

Cómo se debe perdonar al hermano

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Reflexión: El perdón sin límites (Mateo 18:15–22)

Perdonar no es fácil, pero es el camino que Jesús nos enseña para vivir en paz y en comunión. Cuando alguien nos hiere, Jesús nos invita primero a buscar la reconciliación en privado. Si no funciona, a insistir con testigos, y si aún no hay arrepentimiento, a dejarlo en manos de la comunidad. Todo esto muestra que el perdón no es pasivo, sino activo: busca ganar al hermano, no castigarlo.

Pedro pensó que perdonar siete veces era suficiente, pero Jesús le reveló la medida del Reino: setenta veces siete. Es decir, siempre. El perdón no es una opción para quien sigue a Cristo, es un estilo de vida, porque hemos sido perdonados mucho más de lo que podemos imaginar.

Donde hay perdón y unidad, allí está Jesús en medio de nosotros. Y cuando dos o más se ponen de acuerdo en la tierra, el cielo responde. Perdonar libera, sana y refleja el corazón del Padre.

¡Dios te bendiga!