El complot para prender a Jesús

26 Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.

Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.

Jesús es ungido en Betania

Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. 10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. 11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. 12 Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.

Judas ofrece entregar a Jesús

14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

Reflexión: Una ofrenda que nunca será olvidada (Mateo 26:6–13)

En un momento íntimo en Betania, una mujer rompió un vaso de perfume costoso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Mientras otros lo vieron como un desperdicio, Jesús vio un acto de amor profundo y profético: ella lo estaba preparando para su sepultura.

Esta escena nos enseña que cuando damos a Jesús lo mejor de nuestro corazón, aunque otros no lo entiendan, Él lo valora eternamente. Dios no mide el costo material, sino la intención del alma.

Jesús honra a esta mujer diciendo que su acto será recordado dondequiera que se predique el Evangelio. No era una líder, no era una discípula pública, pero su amor silencioso quedó escrito para siempre.

Hoy, Jesús también ve tu entrega, tu adoración sincera, tu sacrificio oculto. Y te dice: «Has hecho una buena obra conmigo».

¡Dios te bendiga!