La blasfemia contra el Espíritu Santo

20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. 22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.

28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

La madre y los hermanos de Jesús

31 Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. 32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. 33 Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Reflexión: Hacer la voluntad de Dios (Marcos 3, 20–35)

Este pasaje nos confronta con dos realidades muy profundas. Primero, Jesús enseña que todos los pecados pueden ser perdonados, menos la blasfemia contra el Espíritu Santo: rechazar deliberadamente la acción de Dios en nosotros. Es un llamado fuerte a abrir el corazón y no resistir al Espíritu que da vida.
Segundo, redefine lo que significa la verdadera familia: no es solo la sangre lo que nos une a Él, sino hacer la voluntad de Dios. Quien vive en obediencia y amor, es hermano, hermana y madre de Jesús.
Hoy se nos invita a vivir con un corazón dócil, a acoger al Espíritu Santo y a pertenecer a la familia de Cristo por medio de la obediencia a la voluntad del Padre. Dios te bendiga.