Parábola de la semilla de mostaza

30 Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.

El uso que Jesús hace de las parábolas

33 Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34 Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.

Jesús calma la tempestad

35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?

Reflexión: Fe que crece y calma la tormenta (Marcos 4:30-41)

El Reino de Dios comienza como algo pequeño, como el grano de mostaza, pero con el tiempo se convierte en un refugio inmenso. Así también nuestra fe: aunque empiece débil, si la cuidamos crecerá hasta sostenernos en cualquier circunstancia. Los discípulos temieron en medio de la tormenta, pero Jesús les mostró que Su poder va más allá del viento y del mar. Cuando confiamos en Él, aun las tempestades más fuertes se calman. No importa cuán pequeñas sean tus fuerzas hoy, en las manos de Jesús pueden crecer hasta darte paz en medio del caos.
¡Dios te bendiga!