Mi Dios, mientras todos duermen, yo te hablo en silencio. Tú conoces mis pensamientos y entiendes mis lágrimas. A veces me cuesta soltar, pero hoy decido entregarte todo. Toma mis preocupaciones, mis cargas y mis anhelos. Que tu paz llene cada rincón de mi ser. Te pido un descanso profundo, tanto en cuerpo como en alma. Gracias por amarme incluso en mis debilidades. Amén.