Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.

El hombre de la mano seca

Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal?, ¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

Reflexión: El Señor del descanso (Lucas 6:1-11)

Los fariseos observaban a Jesús con ojos críticos, buscando motivo para acusarlo. Pero Jesús revela algo más grande: el día de reposo no fue hecho para oprimir, sino para dar vida.
Cuando sus discípulos arrancan espigas por hambre, Él les recuerda cómo David actuó movido por la necesidad y no por la rigidez de la ley. Porque el amor de Dios siempre está por encima del ritual.
Luego, en la sinagoga, Jesús mira a un hombre con la mano seca y pregunta:
“¿Es lícito hacer el bien en día de reposo?”
Con esa sola frase, desenmascara la hipocresía religiosa. Él no vino a sostener estructuras vacías, sino a restaurar lo que está seco, sanar lo que está roto y dar vida donde otros ponen límites.
El verdadero reposo no es un día, sino una persona: Cristo, Señor del descanso, del bien y de la misericordia.
¡Dios te bendiga!

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