Mujeres que sirven a Jesús

8 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Parábola del sembrador

4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.

9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? 10 Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. 12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. 13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero estos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. 14 La que cayó entre espinos, estos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.

✨ Reflexión: Un corazón que da fruto (Lucas 8:1-15)

Este pasaje une dos verdades poderosas.
Primero, vemos a mujeres fieles que acompañaban a Jesús y lo servían con gratitud porque Él había transformado sus vidas. María Magdalena, Juana, Susana y muchas más no seguían a Jesús por apariencia, sino por amor. Su servicio nacía de una vida restaurada.

Luego Jesús cuenta la parábola del sembrador, recordándonos que la Palabra de Dios cae en diferentes corazones. Algunos se distraen, otros se desaniman, otros son ahogados por preocupaciones… pero hay una buena tierra: un corazón humilde, dispuesto, perseverante.

La enseñanza es clara:
No basta oír; hay que guardar la Palabra, abrazarla, protegerla y permitir que transforme la vida.
Así como estas mujeres dieron fruto en servicio, nosotros también somos llamados a producir fruto en nuestra fe: perseverancia, amor, generosidad, fidelidad.

Pídele a Dios un corazón “buena tierra”, donde Su palabra crezca, madure y dé fruto abundante.

¡Dios te bendiga!

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