Misión de los doce discípulos

9 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. 3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. 4 Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5 Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6 Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.

Muerte de Juan el Bautista

7 Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; 8 otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. 9 Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es este, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.

✨ Reflexión: Enviados con propósito, fortalecidos por Dios (Lucas 9:1-9)

Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio algo que nadie más podía darles: poder y autoridad. No los envió vacíos, no los envió inseguros, no los envió solos. Los envió con una misión clara: anunciar el reino de Dios, sanar, liberar y llevar esperanza donde había oscuridad.
Lo más sorprendente es que Jesús también les pidió viajar ligeros… sin provisiones, sin seguridad humana, sin respaldo material. ¿Por qué? Porque su verdadera seguridad no estaba en lo que cargaban, sino en quién los enviaba.

Donde fueran recibidos, habría bendición. Donde no, Jesús les enseñó a seguir adelante sin miedo y sin cargar rechazo.
No todos valorarán tu fe, no todos escucharán tu mensaje, pero eso no detiene tu propósito.

Luego el relato menciona a Herodes, confundido y temeroso por lo que escuchaba de Jesús. El poder de Dios estaba sacudiendo corazones, estructuras y autoridades.
Mientras unos rechazaban, otros se preguntaban quién era Aquel que transformaba todo a su paso.

Este pasaje nos recuerda que cuando Dios envía, Él respalda.
Cuando Él habla, nada puede detener Su obra.
Y cuando Él toca una vida, hasta los poderosos quedan desconcertados.

Tú también fuiste llamado(a) a caminar confiando, sin miedo y con propósito. Dios te envía… y Él te sostiene.

¡Dios te bendiga!

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