El afán y la ansiedad

22 Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. 23 La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? 25 ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? 26 Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? 27 Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28 Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. 30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. 31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

Tesoro en el cielo

32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

✨ Reflexión: Cuando la ansiedad grita, Dios recuerda tu valor
(Lucas 12:22-34)

Jesús habla directamente al corazón inquieto. Sabe que la preocupación nos roba la paz, nos quita el sueño y nos hace vivir adelantados al mañana. Por eso no minimiza nuestras necesidades, pero sí reordena nuestras prioridades: la vida vale más que lo que comemos, y el cuerpo más que lo que vestimos.

Al mirar a los cuervos y a los lirios, Jesús nos invita a confiar. Ellos no viven angustiados, y aun así Dios los cuida. ¿Cuánto más cuidará de ti, que eres su hijo? La ansiedad no añade nada, pero la fe sí transforma todo. El problema no es tener necesidades, sino vivir como si estuviéramos solos.

Jesús cierra con una promesa que calma el alma:
“No temáis”.
El Padre se complace en darte el Reino. Cuando buscas primero a Dios, lo demás encuentra su lugar. Donde está tu tesoro, allí descansará también tu corazón.

¡Dios te bendiga!

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