Parábola de la gran cena

15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.

✨ Reflexión: La invitación que no se debe rechazar (Lucas 14:15-24)

Jesús muestra que el reino de Dios está abierto, pero no todos están dispuestos a recibirlo. Muchos fueron invitados, pero dejaron pasar la oportunidad por ocupaciones, prioridades y excusas. No eran cosas malas, pero pusieron otras cosas antes que a Dios.

Entonces la invitación llegó a quienes nadie esperaba: los olvidados, los excluidos, los que parecían no tener mérito. Así es el corazón de Dios: Él insiste, llama y quiere su casa llena. La pregunta no es si estamos invitados, sino si estamos dispuestos a responder.

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