La pregunta sobre la resurrección

27 Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron, 28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 29 Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos. 30 Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. 31 La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia. 32 Finalmente murió también la mujer. 33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?

34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; 35 mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. 36 Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. 37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38 Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. 39 Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. 40 Y no osaron preguntarle nada más.

✨ Reflexión: Dios de vivos y esperanza eterna (Lucas 20:27-40)

Los saduceos se acercan a Jesús no para creer, sino para desacreditar la resurrección con un argumento humano. Jesús, con sabiduría, les muestra que la vida eterna no se rige por las mismas reglas de este mundo. La resurrección no es una continuación limitada de lo terrenal, sino una vida nueva en Dios.

Jesús revela una verdad central: Dios es Dios de vivos. Para Él, la muerte no tiene la última palabra. Quienes confían en Dios viven con la esperanza de una vida que trasciende el tiempo y las estructuras humanas.

Este pasaje nos invita a mirar más allá de lo inmediato y a sostener nuestra fe en el Dios que da vida, hoy y por la eternidad.

¡Dios te bendiga!