Jesús escarnecido y azotado

63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; 64 y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? 65 Y decían otras muchas cosas injuriándole.

Jesús ante el concilio

66 Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo: 67 ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68 y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. 69 Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. 70 Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. 71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

Reflexión: El silencio que sostiene la verdad (Lucas 22:63-71)

Jesús es humillado, golpeado y burlado, pero no responde con violencia ni con defensa propia. Su silencio no es debilidad, es fidelidad al propósito del Padre. Aun en medio del desprecio, Él permanece firme en la verdad de quién es.

Ante el concilio, Jesús no busca convencer a corazones cerrados. Declara su identidad con serenidad y autoridad: el Hijo del Hombre que se sienta a la diestra de Dios. Aunque sus palabras son usadas para condenarlo, siguen siendo verdad eterna.

Este pasaje nos recuerda que la verdad no necesita gritos para sostenerse. En los momentos de injusticia, Dios sigue obrando, y la fidelidad de Jesús se convierte en esperanza para todos.

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