Jesús en la fiesta de los tabernáculos

10 Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. 11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquel? 12 Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo. 13 Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.

14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. 15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, sin haber estudiado? 16 Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia. 19 ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? 20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? 21 Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis. 22 Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre. 23 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? 24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

Reflexión: “No juzguéis según las apariencias” (Juan 7:10-24)

Durante la fiesta de los tabernáculos, Jesús sube a Jerusalén de manera discreta. Entre la multitud había opiniones divididas: algunos decían que era bueno, mientras otros lo acusaban de engañar al pueblo. El temor y la confusión rodeaban su presencia, y pocos se atrevían a hablar abiertamente sobre Él.

Cuando Jesús comienza a enseñar en el templo, muchos se sorprenden de su sabiduría. No entendían cómo podía hablar con tanta autoridad sin haber pasado por las escuelas religiosas de la época. Entonces Jesús aclara que su enseñanza no proviene de sí mismo, sino del Padre que lo envió.

Cristo revela una verdad profunda: quien busca sinceramente hacer la voluntad de Dios podrá reconocer la verdad. El problema no estaba en las palabras de Jesús, sino en los corazones que juzgaban según las apariencias y no con un espíritu sincero.

Este pasaje nos invita a mirar más allá de lo superficial. Muchas veces las personas, las situaciones o incluso la obra de Dios pueden ser malinterpretadas cuando se observan solo con los ojos humanos. Jesús nos llama a discernir con justicia, buscando la verdad con un corazón abierto.

¡Dios te bendiga!

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