“Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? Jeremías 23:18.

Dios habló, habla y seguirá hablando a su pueblo… que quiera escuchar. Dios habla de muchas maneras, aunque nos encantaría que lo haga con voz audible y a cada momento. Sin embargo, Dios es espíritu y se comunica espiritualmente (Juan 4:24).

Para comunicarse con Dios y poder escucharlo es necesario que tengamos el requisito básico e indispensable para hacerlo: Que nuestro espíritu este vivo. Esto es posible cuando recibimos a Cristo como Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y da vida a nuestro espíritu. A partir de allí, tenemos una nueva naturaleza, capaz de relacionarnos con Dios, teniendo la seguridad de ser su hijo para poder escucharlo en nuestro espíritu. Sí, amén, nos habla diariamente a nuestro espíritu.

Cada día estamos rodeados de voces que nos dan perspectivas diferentes, puntos de vista opuestos, órdenes que traen consecuencias buenas o malas. Algunas voces suenan muy dulces pero nos llevan a tomar muy malas decisiones. Otras son confusas porque no sabemos distinguirlas. ¿Cómo reconocer la voz de Dios en nuestro espíritu?

Dios habló al profeta Jeremías y le dijo que muchas voces se habían levantado en Israel con la presunción de ser divinas, pero nadie estaba hablando realmente de parte suya. Sin embargo, podrían haber hablado su palabra, si hubieran estado en su “secreto”. Esta palabra en hebreo es sod que significa “compañía estrecha, comunión, consultar, sentarse junto, íntimo”. Dios está hablando de tener intimidad con Él. Apagar todas las demás voces y aprender a escuchar la suya. Para que esto sea posible, necesitamos pasar tiempo a solas con Dios.

Jesús nos dejó una enseñanza práctica para hacerlo: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6). Fíjate que Jesús dice que debemos estar a solas con el Padre. No es lo mismo orar conduciendo el carro donde tienes los ojos puestos en la carretera y el tráfico. No es lo mismo orar mientras estás haciendo compras y tu mente está haciendo cuentas. Necesitas parar, buscar un lugar tranquilo y comunicarte con el Señor.

Dios quiere hablarte y nunca te dirá algo contrario a lo que Él ya estableció en la Biblia, su Palabra viva. El Espíritu Santo que mora en ti te recordará lo que ya dijo Jesús y te ayudará a discernir su voz de otras que quieran competir. Toma tiempo ahora mismo para orar a través del Espíritu Santo. Permítele que te enseñe a hacerlo, a esperar en su presencia, a discernir su voz y a obedecerla. Tu espíritu comenzará a avivarse y la seguridad de hacer la voluntad de Dios será cada vez más firme.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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