Los fariseos interrogan al ciego sanado

13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.

18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.

Reflexión: “Yo era ciego, y ahora veo” (Juan 9:13-23)

El hombre que había sido sanado es llevado ante los fariseos, pero en lugar de alegrarse por el milagro, comienzan a cuestionarlo. Se enfocan más en el hecho de que ocurrió en día de reposo que en la transformación evidente que había sucedido delante de ellos.

Algunos dudaban, otros discutían, y la verdad comenzaba a dividir opiniones. Incluso los padres del hombre, por miedo, evitan comprometerse. El temor a las consecuencias les impedía reconocer abiertamente lo que Dios había hecho.

Sin embargo, el testimonio del hombre sanado es simple y poderoso. No entra en debates complejos, sino que afirma lo que ha vivido. Su vida había cambiado, y eso era imposible de negar.

Este pasaje nos recuerda que la obra de Dios no siempre será aceptada por todos. Habrá dudas, cuestionamientos y hasta rechazo. Pero cuando Dios actúa en nuestra vida, el testimonio personal tiene un poder que nadie puede quitar.

¡Dios te bendiga!

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