Unos griegos buscan a Jesús

20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. 21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. 23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Reflexión: “Para dar fruto, hay que rendirse” (Juan 12:20-26)

Unos griegos se acercan con un deseo sencillo pero profundo: “Queremos ver a Jesús”. Y la respuesta de Jesús va mucho más allá de una presentación… habla de entrega, de morir para dar vida.

Jesús usa una imagen poderosa: el grano de trigo. Si no cae y muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. Así es el camino espiritual: no se trata de aferrarse, sino de rendirse.

Seguir a Jesús implica soltar el control, el ego, los propios planes… para vivir una vida con propósito eterno. No es pérdida, es transformación.

Este pasaje nos desafía: ¿estamos dispuestos a rendir nuestra vida para dar fruto verdadero?

Porque cuando dejamos de vivir solo para nosotros, comenzamos a vivir como Dios lo pensó.

¡Dios te bendiga!

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