12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

Reflexión: “La fe se demuestra sirviendo” (Juan 13:12-20)

Después de lavarles los pies, Jesús explica el verdadero significado: no fue solo un gesto… fue un ejemplo. Él, siendo Señor y Maestro, se humilló para servir.

Y deja una enseñanza clara: si Él lo hizo, nosotros también debemos hacerlo.

La verdadera grandeza en el Reino de Dios no está en ser servido, sino en servir. No se trata solo de saber lo correcto, sino de vivirlo. Jesús dice algo fuerte: “Bienaventurados seréis si las hacéis”. La bendición no está solo en escuchar, sino en practicar.

Este pasaje nos confronta: ¿nuestra fe se queda en palabras o se refleja en acciones?

Seguir a Jesús es adoptar su estilo de vida: humildad, servicio y amor práctico.

¡Dios te bendiga!

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