“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” Romanos 15:4-5

¿Tú crees en el dicho popular que “la esperanza es lo último que se pierde”? Yo no estoy tan seguro. Cuando las cosas no salen como imaginábamos, cuando perdemos la confianza en las personas, cuando nos traicionan los amigos, cuando todo parece que va en contramano, cuando pasamos por una enfermedad delicada, somos propensos a pensar que de esa situación no vamos a salir. Y la esperanza se esfuma.

Los que nos aman tienden a decirnos frases que nos suenan estereotipadas: “¡Te vas a levantar!”, “¡Tú puedes!” “¡Sé valiente!”… Y pensamos: ¿cómo hago?, ¿cómo salgo de esta?, ¿cómo recuperar la esperanza que parece que la perdí definitivamente?

El apóstol Pablo nos dice que vayamos a la Palabra de Dios. Allí hay muchas historias, muchos consejos, proverbios y mandamientos que se escribieron para nosotros, para que podamos aprender con sus enseñanzas. El apóstol dice que por medio de las Escrituras obtenemos “paciencia” y “consolación”, los pilares fundamentales para renovar nuestra esperanza, que no nos atrevemos a pedirlas a Dios porque no son producto de liberación de una prueba, sino de la intervención divina en medio de ella.

Paciencia: En griego es hypomoné que significa “resistencia, alegre constancia, perseverancia”. El que tiene esta virtud es una persona que desafía y conquista en la adversidad, que sabe esperar el tiempo correcto celestial. No se precipita, no desespera, no intenta arreglar los planes de Dios para apresurarlos. Necesitamos crecer en paciencia para que nuestra esperanza sea firme.

Consolación: paráklesis en griego, significa “exhortado, confortado, alentado, animado”. La presencia de Dios en nuestras pruebas nos da consuelo sobrenatural, renueva nuestra alma, nos anima a seguir constantes en nuestro caminar diario con Dios. Así es como nuestra esperanza revive y permanecemos firmes en nuestra fe.

No es obra ni mérito nuestro. Pablo también nos recuerda que “el Dios de la paciencia y de la consolación” (sí, las mismas virtudes) estará siempre con nosotros. Él es el que las produce en nuestro carácter a través de la obra del Espíritu Santo. Hoy quiere renovar tu esperanza. Aunque todavía no veas resultados ni señales, espera y confía en el Señor. Él abrirá la puerta que parece todavía cerrada.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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