“Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera? … Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”. Juan 11:37, 44.

Lo que esperamos que Jesús haga en una situación extrema muchas veces es diferente a lo que Él tiene planeado. Cuando murió Lázaro, la gente que rodeaba a Marta y María se hacía esta pregunta: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” En otras palabras, si Jesús tiene tanto poder, ¿por qué no impidió que muriera? Si Jesús amaba tanto a Lázaro al punto de llorar por él, ¿por qué no lo sanó?

La pregunta no espera una respuesta, es más bien un argumento arrogante. “Si yo fuera Jesús, no hubiera hecho lo que Él hizo”. “Si yo fuera Jesús, sería más compasivo y lo hubiera sanado”. “Si yo fuera Jesús…” ¿De verdad creemos que podemos hacer las cosas mejor que el Señor? Jesús es omnisciente, lo sabe todo, y sus planes son perfectos. El Señor tiene propósitos más elevados de los que nosotros podamos imaginar.

El Señor sabía que sus amigos estarían tristes por cuatro días, pero lo que experimentarían después de su intervención poderosa cambiaría sus vidas para siempre. Lázaro y sus hermanas jamás fueron las mismas personas; su fe creció a pasos agigantados. ¿No es lo mismo que Dios espera de todos nosotros? ¡Él quiere que experimentemos su poder glorioso y que tengamos testimonios personales de lo que puede hacer en nuestras vidas!

Hoy también muchas personas tiene ideas preconcebidas acerca de lo que Jesús debe hacer y cómo debe hacerlo, sin embargo el “modus operandi” de Jesús ya está establecido en su Palabra. Él vino para salvar, esa es su prioridad, lo demás tiene que ver con los planes que trazó para nuestra vida, y debemos aprender a someternos a su voluntad perfecta.

Jesús todo lo puede, pero eso no significa que tenga que hacer las cosas a nuestra manera. Él sigue siendo Dios, Soberano, Sabio y Todopoderoso. Cuando nos transformamos en sus discípulos, le seguimos aunque tardemos “cuatro días” en entender algunas de sus obras.

Si aún no has tenido respuesta a alguna de tus peticiones, confía en su sabiduría. Él sabe lo que está haciendo y su respuesta llegará en el tiempo que ha fijado. Descansa en su perfecta voluntad y en su inmenso amor por ti.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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