“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmo 37:4

¡Ay… las peticiones de nuestro corazón! Tenemos tantas que quizás nos faltarían horas del día para presentárselas a Dios en oración. Peticiones laborales, ¡siempre anhelamos un trabajo mejor y con compañeros que sean maravillosos! Peticiones familiares, por la salud de nuestros padres y la dirección para nuestros hijos. ¡Y que cambies a mi cónyuge, Señor! Peticiones judiciales, ministeriales, sociales, ¡Y no te olvides Señor de mis vacaciones!

¿Serán todas nuestras peticiones apropiadas? Por supuesto que muchas lo son. ¿Tendremos algunas que no coincidan con el plan de Dios? Hum… ¿Algunas de ellas involucran que caiga fuego del cielo para alguien que no nos hace caso? Bueno… Fe no nos falta, lo que realmente necesitamos saber es si todas las peticiones de nuestro corazón estén alineadas con el corazón de Dios. Ahí está la clave.

Lo que detiene la respuesta a nuestras peticiones no es la complejidad para concederlas ni el tamaño de nuestra fe sino de la afinidad con la voluntad de Dios. Para ello necesitamos someter el corazón. Nuestro intelecto, emociones y libre albedrío a la dirección del Espíritu Santo diariamente.

¿Cómo me puedo dar cuenta que mi corazón está sometido totalmente a Dios? El salmista nos da una respuesta certera: Deleitarnos en Dios. Esta palabra en el original hebreo es anag y significa “ser suave o maleable”, es decir alguien que ha dejado de lado su rudeza, endurecimiento, empecinamiento, y entrega su corazón para ser moldeable. Esa persona puede recrearse, deleitarse y disfrutar de la buena voluntad de Dios para su vida.

Para tener un corazón maleable, dúctil, dócil, necesitamos profundizar nuestra relación con el Espíritu Santo y afirmar nuestros pensamientos con todo el consejo de la Palabra de Dios. Al recordar los atributos de Dios podemos descansar en que Él tiene el control de nuestra vida, que es más sabio que nosotros, que por su providencia lleva a cabo un plan superior a lo que hubiéramos imaginado. Cuando la desesperación parece inundar nuestra alma, habrá una voz interior que nos dirá que necesitamos descansar en los brazos de Dios, que debemos tener paciencia y esperar su tiempo oportuno.

Entrégale a Dios un corazón moldeable para que Él lo evalúe y hasta cambie algunos deseos. Verás que las peticiones se te concederán porque estás dentro de sus propósitos.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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