“A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” Hebreos 6:12

Las promesas de Dios se heredan. No se ganan por viveza y astucia, no se arrebatan por violencia, no se obtienen por estrategias humanas. Los que obtienen las promesas de Dios son los descendientes directos que están en su testamento. Los herederos reales que tienen derecho a tomarlas son exclusivamente los hijos de Dios.

Sin pertenecer a la familia de Dios no hay vida eterna, no hay salvación, no hay bendiciones. Es necesario estar inscripto en el libro de la vida celestial. Para estar anotado, el paso es sencillo pero determinante. Dios dijo que para ser su hijo es necesario recibir a Jesucristo como Salvador y Señor. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13).

Cuando tomamos la decisión de recibir a Cristo y ser sus discípulos, automáticamente nos convertimos en herederos de sus promesas. ¡Y qué tremendas promesas Dios tiene para sus hijos! Comenzando por su presencia con nosotros ininterrumpida, su cuidado en cada detalle de nuestra vida, su provisión diaria, la guía del Espíritu Santo, su sabiduría para tomar buenas decisiones, su protección constante, vida abundante… y siguen tantas promesas que son eternas para los hijos de Dios.

Hay dos requisitos para que esas promesas se apliquen a nosotros. En primer lugar, es la “fe”. El escritor de Hebreos nos insta a ser imitadores de la fe de muchos otros herederos que las experimentaron. Puedes saber de memoria todos los versículos bíblicos llenos de promesas del Señor para ti, pero si no las crees, allí se quedan. Cuando crees en alguna de ellas, entonces vas a dar tu paso de fe. Observa esa promesa, ¿cuál es tu parte de acción, y qué es lo que hará Dios? Seguramente tendrás que moverte en dirección a esa promesa, no dejarte vencer por las dudas y los ataques del diablo. Mantente firme en lo que estás creyendo.

En segundo lugar, debes tener “paciencia”. Esta palara en griego es makrothymía que significa “longanimidad o largura de ánimo, soporte, aguante, perseverar en el tiempo”. No todas las promesas se cumplan el primer día que la creímos. Algunas de ellas dependerán del tiempo en que Dios quiera cumplirla, porque tiene la intención que dependamos de él, le entreguemos nuestra voluntad y esperemos con la misma fe que tuvimos el primer día. Aprendemos a negarnos a nosotros mismos, a quitar la ansiedad, desesperación, inquietud de nuestro corazón. Los que tienen paciencia podrán ver el cumplimiento de lo que Dios ha prometido en su tiempo oportuno.

¿Estás esperando que el Señor cumpla una promesa? No desmayes. Quizás la que está siendo probada es tu paciencia. Debes seguir creyendo que Dios cumplirá lo que prometió en el momento justo.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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