“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo”. Job 19:25.

¡Quién no ha escuchado de las pruebas de Job! La Biblia narra en su libro homónimo cómo una persona pasó por todas las pruebas más severas que pudiéramos imaginar. Observemos sus pérdidas: el ganado como fuente de ingreso, sus bienes materiales, su casa, sus sirvientes, sus hijos e hijas, la confianza de su esposa, y su salud. No le quedaba nada más que perder, solo su alma, pero con ella mantuvo su integridad.

Dios conocía el corazón de Job, sabía sus intenciones, sus motivaciones, su sensibilidad espiritual. Estas son las palabras de Dios: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). ¡Qué hermosas palabras de Dios para este hombre! ¡Ojalá que el Señor pueda decir lo mismo de nosotros! Sin embargo, bajo las peores circunstancias, su corazón siguió siendo el mismo, su integridad no cambió cuando las cosas iban humanamente mal.

En el momento más crítico de su vida, rodeado de amigos acusadores, lleno de llagas dolorosas, y en duelo por la pérdida de sus hijos, aun pudo clamar con fe: “¡Yo sé que mi Redentor vive!” Wow… ¡Qué tremendo hombre de Dios!

Redentor es hebreo es la palabra gaal que significa “cercano, defensor, pariente, el que liberta, el que paga el rescate”. Esta palabra se usaba para redimir o rescatar las posesiones perdidas de un pariente cercano, aun su propia vida si había sido vendido como esclavo (Levítico 25:26, 48). Esta palabra aparece por primera vez en la Biblia cuando Dios habló a Israel para liberarlos de la esclavitud de Egipto: “Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes” (Éxodo 6:6). ¡Dios mismo le dice a su pueblo que Él es su Redentor!

Job confiaba en Dios como ese Pariente Redentor que se haría cargo de su vida a tal punto que si además de todo lo que había pasado también le tocaba morir, hace la mayor declaración de fe que puede decir un mortal: “…al fin se levantará sobre el polvo”. Está diciendo que aunque él terminara siendo solo un montón de cenizas, ¡Dios lo iba a resucitar! Y así sucederá. Un día Job resucitará junto con todos los que han muerto en esperanza para vivir eternamente con Cristo y su Iglesia.

Nosotros pasamos muchas pruebas severas, pero estoy seguro que ni tú ni yo nos hemos acercado a lo que Job pasó. Lo que nos une es que tenemos al mismo Dios Redentor, que puede rescatarnos del hoyo más profundo en donde pudiéramos encontrarnos. Su obra redentora se selló en la cruz del Calvario donde Jesucristo pagó la deuda desorbitante que teníamos por causa del pecado. ¡Él nos redimió para ser hijos de Dios! Y como hijos, somos coherederos con Cristo de todas las cosas. ¡Cómo no nos ayudará a salir de la prueba que estamos pasando! El ave Fénix es solo un mito, pero Dios realmente levanta del polvo al que confía en Él porque es su eterno Redentor.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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