“Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. Suba mi oración delante de ti como el incienso…” Salmo 141:1-2.

David necesitaba ayuda divina. Clama a Dios con intensidad y su primera petición es que su oración suba a su misma presencia como el incienso. La palabra hebrea para incienso (quetóret) es la misma que se usaba en el tabernáculo, cuando se lo quemaba con fuego y el humo con aroma perfumado parecía subir hasta los cielos.

En el tabernáculo construido por Moisés, en el lugar santo estaba el altar de incienso donde el sacerdote debía ofrecerlo a Dios por la mañana y por la noche (Éxodo 30:7-8). El incienso debía tener una preparación especial, con otros elementos específicos según lo había ordenado Dios (Éxodo 30:34) y era de uso exclusivo para Dios. Estaba prohibido hacer esa composición y usarla para otra cosa (Éxodo 30:37). Aunque Dios es espíritu, se agradaba del incienso que le ofrecían. “Y todo el incienso que está sobre la ofrenda, y lo hará arder sobre el altar por memorial en olor grato a Jehová.” (Levítico 6:15).

Mientras se quemaba el incienso, simultáneamente había oración, se bendecía y honraba al Señor (1 Crónicas 23:13). No era meramente un rito para perfumar el ambiente, había adoración. En medio del humo estaba el sacerdote con las manos levantadas dándole gracias a Dios por sus bendiciones, adorándolo por su carácter y obras.

Además de adoración, a veces el incienso era usado para interceder por el pueblo. El sumo sacerdote ofrecía incienso en medio del pueblo para pedir perdón por su pecado y evitar una mortandad como castigo (Números 16:47). Dios escuchaba la oración del sacerdote.

David imaginaba que su oración ascendía a los cielos como el incienso quemado. En ella había clamor, peticiones, pero también acción de gracias, alabanza y adoración. El salmista tal vez no imaginaba cuán acertado estaba en la interpretación del símbolo, porque cuando Juan ve la última revelación celestial, observa que las oraciones de los creyentes son como un incienso en la presencia de Dios. “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos» (Apocalipsis 5:8). Y lo repite nuevamente: “Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.” (Apocalipsis 8:4).

El sacrificio de Cristo en la cruz ha sido para el Padre el incienso perfecto y eterno en su presencia. Nosotros ya no ofrecemos sacrificios ni incienso para hacer nuestras oraciones. En el tiempo de la gracia, expresamos a Dios nuestra devoción, intercesión, agradecimiento y peticiones estando en su presencia dialogando con Él.

Nuestras oraciones simbólicamente rodean el trono de Dios como el incienso del sacerdote. Pero también nos ilustra que ninguna oración de un hijo de Dios ha quedado en el olvido. Dios recuerda cada una de ellas y en las que todavía no han tenido respuesta, tendrán su momento preciso de cumplimiento. Mientras tanto, allí están en el trono de Dios como un incienso agradable. Si tu corazón está adorando permanentemente al Rey de reyes y Señor de señores todas tus oraciones serán como un incienso que sube hasta su misma presencia. Confía que de las respuestas a tus peticiones se encarga el Todopoderoso.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Libro de devocionales «Reposo para el alma»
Adquiérelo en Amazon

💔Hay días donde el cansancio no es físico… es emocional

Aligerar el Alma es un libro para mujeres diseñado para ayudarte a descansar en Dios, aliviar el estrés y la ansiedad, y soltar la carga emocional que vienes llevando.

🌿Un viaje de 12 semanas para volver a respirar con paz, esperanza y propósito.

✨Disponible en Amazon➡️https://www.amazon.com/dp/B0GY4JZMG2