12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

🌿 Reflexión

Pablo nos recuerda que no somos esclavos del miedo, sino hijos de Dios. Podemos acercarnos a Él con confianza y llamarlo Padre, sabiendo que su Espíritu está presente incluso en nuestros momentos de mayor debilidad.

Las dificultades actuales no son el final de nuestra historia. Hay una esperanza que va más allá de lo que hoy podemos ver. Y cuando estamos tan cansados o confundidos que ni siquiera sabemos cómo orar, el Espíritu Santo intercede por nosotros.

Este pasaje nos invita a esperar con paciencia y confianza. Aun cuando no veamos la respuesta, Dios conoce nuestro corazón y sigue obrando.

🙏 Oración

Padre, gracias porque me recibes como hijo y no permites que enfrente solo mis luchas. Cuando me falten fuerzas o no sepa qué pedir, que tu Espíritu me sostenga y ore por mí. Dame paciencia para esperar, fe para confiar y esperanza para recordar que lo que hoy vivo no es el final de mi historia. Amén.

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