“Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.” 1 Samuel 1:14-15

El sacerdote Elí no tenía nada de discernimiento espiritual, y hasta su intuición es discutible. Puede observar a una mujer que lloraba en la presencia de Dios con amargura. A la falta de discernimiento hay que añadirle insensibilidad. Ver a una mujer llorando en el lugar asignado para tener comunión con Dios y no preocuparse por su necesidad se cuenta como falta de compasión.

Ana no solamente lloraba ante Dios sino que oraba de todo corazón. Su espíritu estaba derramado ante Dios aunque el volumen de sus palaras era muy bajo. Entonces el líder espiritual de Israel también juzga a la mujer categorizándola entre los borrachos. Es que para él la situación no encajaba con la estructura de la oración religiosa. La tradición decía otra cosa, esto no podía ser espiritual. Demasiados sentimientos en la oración, lágrimas exageradas y falta de verborragia… Elí sacó su conclusión carnal que incluso distaba de ser una conclusión humana. Y probablemente usamos una frase que se le podría decir a cualquier borracho perdido: “¡Digiere tu vino…!”

Ay, si no hay visión espiritual ni corazón compasivo, estamos muy lejos de entender la obra de Dios. Sin embargo, Ana pasó por alto la ofensa y se enfocó en su propósito: Que el Señor le concediera un hijo para dedicarlo para Él toda su vida. Entonces Elí se acordó de que un sacerdote debía bendecir a un hijo de Dios que tenía una petición legítima apoyada con fe en Él. “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le ha hecho”. (v. 17). Ana lo creyó, Dios sanó su esterilidad y tuvo un hijo que transformó la historia de Israel: Samuel.

¿Ha pasado por alguna experiencia similar? ¿Han menospreciado alguna petición que haya hecho? ¿Te han catalogado como ebrio, loco, o necio por pedir con fe, creyendo que Dios hará un milagro? Sí, probablemente muchos te habrán dicho “¡Digiere tu vino!”, pero hoy te animo a sobrepasar esa situación como lo hizo Ana. Que ningún carnal te detenga en tu búsqueda de Dios. Solo cree a su Palabra y actúa en fe a lo que Dios ha dicho. El milagro déjaselo al Señor, que Él sabe hacer las cosas en el tiempo perfecto.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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