Padre amado, hoy quiero agradecerte por lo que tengo antes de pensar en lo que todavía deseo alcanzar. Gracias por mi hogar, por el alimento, por las personas que me quieren y por cada oportunidad que has puesto delante de mí. No permitas que la comparación me robe la alegría. Enséñame a valorar mi propia vida y a trabajar con esperanza por aquello que deseo mejorar, sin olvidar disfrutar las bendiciones que ya están aquí. En el nombre de Jesús, Amén.